jueves, 11 de junio de 2009

Imaginarium, Domingo 5 de Abril de 2009

EL MURMULLO DE VENUS

I
“Aquel día empezaba a pasar, empezaba a suceder. Aquel día ocurría como todos aquellos que habían sucedido, como todos aquellos que esperaban la extraña orden de amanecer y acontecer. Era un día especial, como todos aquellos que le habían pasado de largo, esos que se escribieron para la felicidad, para la paz y para el amor, sin que se hubiese percatado de la belleza y el mensaje que encerraban. Tardó en abrir los ojos, tal vez como no queriendo despertar. Así mismo los pensamientos empezaban a despertar y sucedían todos juntos, sin orden, y mientras luchaba para no quedarse dormido empezó a ordenarlos, preso aun de esa extraña somnolencia, como si se hubiese levantado de un largo estado de animación suspendida en algún lugar, en alguna lejana galaxia. El silencio que lo rodeaba todo era perturbado por las ráfagas del viento que se colaban por las ventanas, moviendo las blancas cortinas como si fuesen largas cabelleras. El perfume de ella toco la puerta invisible y puso su oído cerca de ella a ver si él se había despertado. Las espaldas de él se estremecieron por un corto instante cuando su brisa se hizo presente. Ella murmuro algo sobre su piel y el cerro sus ojos para soñar, para irse donde ella, tal vez para no regresar…

“Mirada, la mirada de ella
Domina desde aquel alto.
Que en el mundo aquel de amor falto
Siempre será la luz de ella su estrella.

Mirada aquella que clama
El murmullo aquel de las tardes.
Que si por un segundo del cielo le amases
Alguna de esas tardes que llama.

Mirada que cierra los ojos para pensar
Que a pesar de todo, lo hermoso fue tanto.
Para soñar que siempre habrá un mientras tanto
Aguardando entre los laberintos del amor para acontecer, para pasar.”

II
Venus le espero donde siempre, adonde él nunca había ido, en aquella ensoñación del amor que sucedía, que pasaba desde el siempre. El posó sus pies lentamente sobre la fina arena cubierta de pétalos de rosas y las olas callaron, retirándose por un momento. Abrió los ojos y sus miradas se encontraron para darse cuenta que nunca habían cerrado los ojos. Venus abrió sus labios y su corazón dijo algo que solo el entendió. Dejó caer su vestido de blancos y oros y caminó hacia él, siguiendo el corto camino que la luna había trazado sobre los pétalos rojos. Se tomaron de las manos y en el lenguaje del silencio se dijeron todo el amor del universo, y rieron y lloraron y se amaron, con tanta intensidad que la luna soltó una lágrima y recordó que tenía un corazón oculto entre la noche.

“El beso aquel que aguarda
La flor de la eternidad que no marchita.
Que mi vida hermosa tan solo necesita
Que la llama de mi corazón de su plenitud arda, arda.

El mar y la noche que acarician con ternura las arenas
Las estrellas que duermen cubiertas de dunas.
Que al atardecer al cielo irán algunas
A beber de aquello que colma y rebosa las colmenas.

El beso aquel que aguarda a la sombra de la medianoche
El paso frágil e intenso de tu ráfaga.
El amor del universo en perpetuo presente se haga
Cuando a tu sueño te rindas esta noche.”

III

El cielo que los cobijaba calló respirando el viento que acababa de acariciarles. La sutil intensidad de los besos encendía las arenas iluminando el firmamento maquillándolo de estrellas y constelaciones. Cada beso, cada caricia, cada puño cerrado apretando los granos dorados que iban poblando las dunas de Arabia, que caían del cielo como la lluvia prometida. Las olas bañaban sus cuerpos llevándose los orgasmos que se desbordaban de las manos, y del aroma a intenso amor y pasión ya se encargarían después las rojas rosas. Ella Venus, ella la pasión y el origen del amor que soñaban desde aquella mirada, del amor callado de tan magna comunión de la piel.

“Firmamento del amor testigo
Estrellas y luces calladas.
Si algo pudieran decir las miradas
Seria aquello de quiero que te quedes conmigo.

Quédate antes de marcharte
Para que el cielo se ilumine, me ilumine.
Para que cuando de la mano de la luna camine
Me bendiga Dios por tanto amarte.

Tu alma frente al espejo, pleno él de tu reflejo
La vida santa y sagrada que irradia tu corazón.
Me de el cielo santo la razón
Que cuando despierto por un rato de ti… me alejo.”

El murmullo de Venus. La lluvia intermitente, las gotas azules de las estrellas mojando tu cabello. Las noches eternas que se suceden como las olas que acarician tus pies, llevándose tus huellas a los océanos de la eternidad, para cuando navegue tu piel me lleven los destellos de tus ojos al tesoro y la verdad que guarda tu luminosa alma.”
Abraham de Saint Germain

Namaste
Que Dios los bendiga siempre y gracias por Imaginarnos
Desde alguna parte, 5 de Abril de 2009
Lindoro Abraham