“Es tu guía
perpetua en el viento, tu brisa que me eleva envuelto en tu verbo bendito por
los ecos de los tiempos, de los días y de los espíritus sagrados que contemplan,
entre la brillante niebla del amanecer, tu infinita presencia, en cada detalle,
en cada cristalina gota de lluvia.
En las aves
que te alaban con sus cantos.
En los niños
que se asoman a la ventana y ríen mientras te escuchan.
En cada
risa, en cada lágrima cuando al corazón le da por amar.
En la cercanía
que se oculta entre las distancias, aquellas que separan los latidos.
En el
silencio que invade todo cuando el universo se detiene para respirar.
En la
mirada de cada hijo, de cada anciano que ha entendido que no envejecerá jamás.
En el día de
cada noche, en los sueños y en las ansias, en las ilusiones y las esperanzas.
En la tibia,
serena y verde pradera adonde corro a
buscarte cuando me quiero quedar dormido envuelto en la divina paz de tu
absoluta presencia.
TÚ, mi cayado
y mi fortaleza, TÚ, mi don y tu verbo.
Siempre y
para siempre, TÚ, mi bendito y amado Señor Dorado.”
Abraham de
Saint Germain.
Que Dios
los bendiga siempre,
Gracias por
imaginarnos.
Lindoro
Abraham