domingo, 29 de marzo de 2020

El extraño caso de Luigi Montecristo.



El extraño caso de Luigi Montecristo...
I Parte.
“Mis queridos amados, acabo de recibir una llamada de mi Abuelita Panchita. Me ha pedido que las acompañe mañana en la tarde, después de las 3 PM a ella y a su comadre Francelina a hacerle un exorcismo a un Musiú llamado Luigi Montecristo, quien es el compadre de Eusebio Cheban, el marinovio de Francelina y quien, según lo que me ha contado Panchita, que de estas cosas del mas allá y de un poquitiquito mas aquí sabe mucho; ha estado sufriendo de lo que se conoce como un “espíritu montao”. Me cuenta Panchita que, a Luigi, quien por cierto siempre ha tenido fama de picaflor; lo ha estado visitando un espíritu femenino cada noche desde hace tres meses y algunos días y que como dije más arriba, lo monta. Me ha contado Panchita que, al principio de esta posesión, Luigi no se quejaba ya que estos encuentros, que él pensaba eran sueños, solían ser de un round, por llamarlo de alguna manera, o sea, un solo contacto, pero a los pocos días se incrementaron a dos y mas la cantidad de rounds y a estas alturas el pobre Luigi está pidiendo cacao y casi no se puede levantar de la cama. Desde que empezó esta posesión y llegó a oídos de Francelina, ella le ha estado cocinando unas sopitas de esas levanta muertos a ver si lo recomponen y así pueda aguantar el exorcismo. Esta será la primera vez que me toque asistir a una de estas sesiones y para ello he estado memorizando una compilación de mantras, oraciones, rezos y contras en caso de algún encuentro cercano con la mencionada entidad femenina, no les niego sí que me llama la atención profundamente como será tener un encuentro cercano con un espíritu femenino proveniente de ese nivel dimensional y con semejante ardor.
A continuación les detallo la lista de los materiales que necesitan Panchita y Francelina para ejecutar el exorcismo.
- Agua bendita.
- Una pieza de ropa interior de Iris Chacón, la otrora famosa bomba de Puerto Rico.
- Un video de Iris Chacón bailando y meneando el rabo al son de… “si tu boquita fuera de limón verde, yo me la pasaría chupa que chupa…”.
- Un espejo.
- Dos ligueros de Victoria Secrets, uno negro para Francelina y uno blanco para Panchita y dos baby doll de encaje. Y para mí unos interiores Calvin Klein.
- Dos pares de zapatos con tacón aguja.
- Cinco velones calavera, de los que se prenden por tres lados.
- Una caja de Viagra para Luigi, por si continúan las visitas y para que aguante el exorcismo.
- Una docena de labiales rojos.
- Una cámara fotográfica.
- Dos kilos de harina de funche, esto muy, pero muy importante según Francelina.
- Un metro de cuerda.

Tomé la lista y me dispuse a salir a buscar todos los materiales. Empezaba a atardecer y el ambiente se había tornado frio y misterioso, “deben ser vainas tuyas”, me dije a mí mismo y continué mi camino.
Continuara.

II Parte.

La Mansión.
“Luigi Montecristo vivía en una casa muy extraña ubicada en una solitaria y fría loma, en un lugar que solo de verlo se le hiela la sangre al más guapo de los valientes, de los que por cierto conozco muy pocos, y aunque desde lejos se veía como una simple y modesta casita con su humeante chimenea, al irse acercando, esta pequeña casita, no aquella de la pradera; parecía haber salido de alguna película de Boris Karloff. Al bajarnos del Jeep Wrangler Renegade Special Forces Edition de Eusebio Cheban, un frio corrientazo me subió hasta la nuca. Busqué en mis bolsillos una estampita de The Terminator que me había regalado Panchita y la apreté contra mi pecho. Busqué mi cedula y luego de doblarla cuidadosamente en cuatro, al igual que todos los demás, me la metí en la boca por si acaso algo nos pasaba y pudiéramos ser reconocidos. Nos paramos frente a la hermosa puerta de madera y una Señora de figura de centerfold de Playboy y con cara de asustada nos abrió y nos dijo… “Gracias a mis guardianes que ustedes llegaron, pasen por favor.”
Mientras Panchita y Francelina entraban a la casa, Eusebio Cheban fue a dar una vuelta por los alrededores de la siniestra casa y yo fui al jeep a descargar el equipo y también una olla de mondongo light que Panchita había cocinado en caso de que nos diera hambre. Cuando entre a la casa me uní a Panchita y Francelina y mientras nos dirigíamos a una habitación dispuesta para cambiarnos de ropa escuchamos un escalofriante grito que retumbó en toda la casa… “ ¡ya bastaaaaaaaaaa!!!!!!!!, ¡déjame tranquiloooooooo!!!!!!!!!, ya no puedo masssssssss!!!!!!!!!!!, aaaaaaarrrrrrrggggggg!!!!!!!!!”, al escuchar este horrible grito, a la hermosa Señora que nos había abierto la puerta se le pusieron los ojos como Árabe que mira prendas, como decía mi Padre; y dijo… “ya empezó otra vez, es las tercera vez desde esta mañana.”
“Vamos a prepararnos”, dijo Panchita, y a continuación ella y Francelina se vistieron sus ligueros y nos pusimos las sotanas de la orden de los Monjes Capuchinos descalzos, y mientras me la ponía pensaba que yo hubiese podido pertenecer a esa orden, porque en caso de que hubiesen usado calzado o sandalias para mi hubiese sido bien difícil conseguir un par de mi talla. Después de enfundarme mi sotana guardé la estampita de The Terminator en uno de los bolsillos y me encomendé a todos los Santos conocidos y tomando una vela encendida me uní a Panchita y Francelina, quienes eran lideradas por Eusebio Cheban quien iba incensando.”
Continuara.

III parte

El Exorcismo
“¿Estas nervioso hijito?, me preguntó Francelina (lo de hijito es por cariño) mientras subíamos las escaleras en espiral de la tenebrosa mansión. En verdad yo temblaba más que una gelatina virgen. Al llegar al segundo piso, todos nos vimos en un inmenso espejo dorado. Enfundados en nuestras sotanas, la verdad parecíamos unos monjes de una de esas abadías perdidas en la historia de los tiempos. En particular yo parecía el Monje Loco, siniestro personaje de unas revistas de comics mexicanas que solía leer cuando era chamichan. Mi atuendo lo completó una cadena de la cual pendía una campana tibetana de bronce y titanio, que había traído Panchita de un retiro al que asistió hace unos años, invitada por un apuesto monje que conoció en una noche de farra en Paris. Pensé en el estruendoso ¡gong!!! de la campana cuando se la estrellara en la frente al primer engendro del infierno que me saliera al paso al entrar a la habitación de Luigi Montecristo.
Al entrar a la habitación presenciamos una escena sacada de una de esas películas porno catalogadas XXX. El espíritu, un Succubus (entidad demoniaca femenina que se cree tiene relaciones sexuales con los hombres mientras duermen) estaba montada sobre Luigi Montecristo en una posición conocida como Vaquera Invertida. Alrededor de la cama conté seis Succubus y seis Inccubus (entidad demoniaca masculina) quienes a coro aupaban al Succubus a gritos de ¡dale, dale, daleeeeeee! En verdad les digo que se me paró la circulación. Luigi apretaba con fuerzas el colchón, al que le tenía las uñas clavadas, tenía los ojos desorbitados y apretaba las mandíbulas con fuerza. Pude reconocer a la hermosa y voluptuosa demonia como una famosa actriz porno y mientras trataba de recordar su nombre, mi Abuelita Panchita me dio unos lentes especiales y así pude ver cómo era en realidad. Eusebio Cheban sacó un viejo libro y empezó a recitar unos mantras mientras balbuceaba, tartamudeaba y sudaba, preso del terror y también, porque una de las voluptuosas diablas allí presentes se despojó de su atuendo y acercándose a él, le empezó a susurrar obscenidades en la pata de la oreja. Al darse cuenta de ello, Francelina sacó un escapulario que tenía una foto del famoso actor porno John Holmes. Al verlo la diabla se lo arrancó de las manos y desapareció debajo de la cama, seguida por todos los Succubus e Inccubus.
Mi Abuelita Panchita me pidió que revisara debajo de la cama a ver a donde se habían ido las entidades demoniacas. Al escuchar esto me coloqué la mano izquierda en la parte delantera de mis Calvin Klein y apreté con suavidad mientras balanceaba la campana tibetana e imaginaba el desgarrador grito de la entidad demoniaca después de haberle estrellado la campana en la frente.
Caí de rodillas y me asomé debajo de la inmensa cama y me di cuenta de que todos los Succubus e Inccubus habían desaparecido, pero no por mucho tiempo.
El Señor Luigi Montecristo abrió los ojos y me agarró la mano. Note que estaba temblando. Al verme me pregunto si había muerto y le dije que no. En verdad que estaba muy deteriorado. Mientras Panchita y Francelina lo revisaban y le tomaban sus signos vitales, aproveche de caminar por la amplia habitación junto con Eusebio Cheban. Durante nuestro recorrido notamos que Luigi Montecristo era un coleccionista de literatura erótica y de famosas revistas que mostraban hermosas chicas en sugestivas poses, así como también películas y videos en todos los formatos. Hasta allí todo estaba bien, pensamos los dos, ya que poseer literatura y fotos eróticas era algo normal para muchos hombres y también mujeres. Mientras hablábamos de esto, me vinieron a la mente un par de voluptuosas amigas que literalmente eran unas verdaderas diablas y mientras sonreía, me dije, mmmmmm, Luigi Montecristo no hubiese aguantado un round con ellas.
En ese instante se oyó un ruido de tacones sobre la escalera y la dama que nos había recibido al llegar entró a la habitación y pude notar que llevaba puesto un erótico y sugestivo baby doll tipo fish net y se había perfumado con Kenzo. Cuando la vimos empezamos a tartamudear. La bella dama llamada Samantha, evidentemente poseída, se me acercó y a continuación me empezó a masajear la entrepierna y a decirme obscenidades al oído. Cuando la cosa se estaba poniendo buena y yo estaba a punto de perder el poco control que me quedaba Eusebio Cheban puso un remix de Padrenuestro y Ave María. Samantha empezó a sacudir la cabeza y se colocó las manos sobre los oídos mientras empezaba a suspirar y hablar en lenguas, como dicen aquellos pastores que se definen a si mismos como iluminados. Eusebio Cheban tomó la cruz de Caravaca dorada que colgaba en su pecho y a continuación le unto un poco del funche que había preparado Panchita y a continuación se la pegó en la frente a Samantha mientras recitaba un mantra que yo pensaba era en remix, pero al rato me di cuenta de que Eusebio Cheban lo que estaba era tartamudeando. Al sentir la cruz en su frente, Samantha profirió uno de los gritos más espeluznantes que yo había escuchado en mi vida y cayó desmayada a los pies de la cama de Luigi Montecristo. Eusebio Cheban sacó un vestido de monja que se había robado del convento de las hermanitas de la lujuria y a continuación me pidió que me ayudara a ponérselo a Samantha. Aun recuerdo el hermoso cuerpo de Samantha, su hermoso rostro, la firmeza de sus senos de rosadas aureolas y su afeitada entrepierna, que parecía una nalga de bebe recién nacido. Después de vestirla con el sagrado atuendo la cargamos hasta la habitación contigua a la de Luigi Montecristo donde se quedó dormida plácidamente.
Al regresar a la habitación notamos que Luigi se había despertado. Eusebio calculó que habría dormido un par de horas.
Eusebio sacó de su mochila, un frasco de un bálsamo africano elaborado con extracto de plátano verde, agüita de los tres caminos y saliva de chimpancé. Mientras le daba una cucharada, me dijo que ello evitaría un próximo ataque de un Succubus.

IV parte.

Mi Abuelita Panchita y su Comadre Francelina llegaron a la habitación de Luigi. Se quitaron las sotanas y mostraron sus deliciosas y exuberantes curvas. El pobre Luigi, quien estaba más allá que de aquí, murmuró un “mmmmmmmmmm…” cuando las vio de reojo. Cada una de ellas encendió un velón calavera y un sahumerio y empezaron a entonar un mantra de protección. La Succubu y sus Inccubus emergieron de debajo de la cama desnudos y empezaron a danzar mientras se insinuaban acercándose a los presentes. La Succubu se me quedo mirando y me hipnotizó y empecé a tener pensamientos lascivos y obscenos. En ese momento empecé a verla mientras me sacaba la lengua y me decía, mientras me veía las botas talla 48 … “estas bien rico gordito, una de estas noches no te pelo”. Luigi empezó a gritar… ¡nooooooo, está pasando de nuevo, ¡que se vayan!!!!!!!!. Las demoniacas criaturas se abalanzaron, mostrando sus afilados dientes y colmillos, sobre Panchita y Francelina, quienes se vistieron unos guantes de Kevlar de largas uñas y empezaron a pelear. En medio de la pelea, la Succubu se abalanzó sobre Panchita y esta le metió un puñetazo estilo Mike Tyson en plena jeta y pude contar cuatro dientes y medio colmillo que salieron volando por los aires. Uno de los demonios le araño la espalda a Francelina y esta le descargo una docena de patadas al mejor estilo de Bruce Lee con sus tacones aguja y a otro más, que le dio una cachetada; le mordió una oreja y le arrancó la mitad.
Todo esto sucedía mientras Eusebio y yo tratábamos de eludir los ataques de esta jauría infernal y que no se acercaran al pobre Luigi, pero a la final tuvimos que defendernos. Eusebio Cheban haciendo alarde de su refinada técnica de Kung Fu Siberiano y yo a punta de boxeo patada. Durante un pase de patadas, le pegue tan fuerte a uno de los demonios que se quedo gritando como diez minutos. Le pregunté… ¿duele? Y el demonio asintió, así que lo rematé con un sonoro campanazo en plena cabeza. Después de casi 45 minutos de pelea, que incluyo puños, patadas, arañazos y mentadas de madre logramos vencer a la infernal jauría, quienes se fueron volando por la ventana de la habitación. Panchita nos pregunto a todos si estábamos bien y dijimos que sí. La habitación de Luigi se iluminó y él sonrió mientras Panchita le decía que ya se habían ido.
Samantha se despertó y vino a la habitación de Luigi Montecristo, se había puesto una bata transparente que dejaba ver su voluptuosa figura. Al verla no pude evitar tener una serie de pensamientos lascivos con ella, tan intensos y reales que me dije que no me importaría para nada que ella fuese un Succubu con tal de tener un par de rounds con tan hermosa nena.
Panchita me trajo de vuelta a esta realidad y me pidió que le ayudara a empacar todo y bajarlo al jeep de Eusebio Cheban. Luigi Montecristo se enfundó una bata modelo Hugh Heffner y bajó hasta la puerta de su mansión acompañado de la bella y sensual Samantha. Al despedirnos ella me mordió la punta de la oreja y me dijo… “que sueñes conmigo gordito lindo.”   
Mi Abuelita Panchita, que había presenciado todo me dijo… eres igualito que tu papa. Que no podía ver a una diabla.”
Fin.
Aruba, 5 de Agosto de 2019.