
F E D E E R R A N T E
, de “Las Crónicas del Arcano sin Numero”
“Mahabra abrió su hatillo con delicadeza, dejándose embelesar con el delicado y penetrante perfume de aquella amada que cada día se hacia mas distante de su piel y mas cercana de su alma. Respiro lento y profundo, dando tiempo que la fragancia impregnara su alma, mientras desplegaba el hermoso manto de seda sobre el que estaba bordado el hermoso mantra de dieciséis palabras, extendiéndolo lentamente con sus manos sobre la suave hierba.
Observó su contenido, tomando para ello el tiempo del mundo, su vieja Bitácora, su anciano Tarot, sus lentes de sol dorados para ver la vida en su verdadera luz, su traje chino ceremonial negro y sus zapatillas igualmente negras, un pequeño saco de te y otras hojas, una pequeña botella de miel, jarabe de limón persa, un larga vista, para ver de cerca y no perder detalle, una pequeña jarra y una agrietada taza de arcilla, de mas de mil infusiones de edad, Inciensos de Mirra y Rosa Roja, una caja de fósforos, y un par de fotos, de esas que son buenas conversadoras y no envejecen con los años. Aguardó con su infinita paciencia, forjada con los años de travesía y peregrinaje, a que los primeros rayos del sol invadieran sublime y pausadamente la mañana. Mientras el silencio despertaba con la sinfonía de las hadas, orientó la bitácora hacia el sol naciente para que se cargase y por una de esas costumbres que uno adquiere del paso por Maya, cerró los ojos y sonrió, bajando la cabeza. Recitó el Salmo 91, de tan sublime voz interior que el silencio se detuvo y calló para escucharle, acto seguido, unió las palmas de sus manos y descalzo hizo una reverencia al sol y al viento, al agua y a la tierra, y después de honrar a los cuatro puntos cardinales se dispuso a avivar el fuego a fin de calentar agua de lluvia fresca para preparar un te.
Mahabra tomo la pequeña caja de madera de gateado de las mil y una caras de Dios y después de consultar con su alma, escogió de entre todas las caras, una para el día y la ocasión. Tomo el pequeño espejo de bronce pulido y se afeito para que así el rostro elegido pudiera fijarse bien sobre su cara. Se miro al espejo y sonrió e hizo un par de muecas a fin de ajustarse el rostro, no fuera que se le vieran las costuras. Mahabra sonrió mientras recordaba quien le había dado la caja. Su nombre era Magistur y fue, durante su ultima encarnación, un excelente y verdadero mago que fue forzado al retiro pot todos aquellos farsantes que habían hecho un negocio de la magia haciendo desaparecer, carros, casas, aviones, estatuas y edificios entre juegos de luces y espejos, engañando y satisfaciendo públicos y egos, cada vez mas henchidos, cada vez mas grandes, cada vez mas altos.
Una fría tarde de Diciembre, Mahabra se encontraba sentado frente al fuego esperando que el agua hirviera para preparar un te, de pronto, el viento le aviso de una presencia que se acercaba desde el ocaso.
– Salam Aleikum (la paz sea con usted)
– Aleikum Salam (que sea con usted la paz), contesto Mahabra incorporándose, mientras con su mano derecha sobre su pecho hacia una reverencia.
– ¿Tendrá usted algo de Te y calor para este pobre Mago? Puedo pagar, aunque solo tengo unas monedas, pero si así usted lo desea le puedo dar una fortuna.
– Sea usted bienvenido, por favor siéntese frente al fuego, el te estará listo pronto y no tiene usted necesidad de pagar.
– Mucho le agradezco, mi nombre es Magistur. La fuerte voz resonó como un trueno en el alrededor.
– Mucho gusto, soy Mahabra. Dijo mientras observaba el viejo y limpio traje negro que Magistur vestía, el extraño báculo de ébano coronado con una esfera de cristal de extraño brillo y la hermosa capa de seda negra que hacia juego con el sombrero de Pumpa y preguntó…
– ¿Usted es un Mago?
– Si mi amigo, de los últimos que quedan, soy un Mago de vieja escuela. Dijo sin levantar la vista del suelo.
– ¿Se encuentra usted de gira?, disculpe si le pregunto, pero su traje.
– No Mahabra, voy en camino a mi retiro.
– Disculpe, pero usted no esta tan viejo para retirarse.
Magistur rió.
– Ya mis trucos no llaman la atención, eso de sacar conejos, palomas y flores de mi sombrero, hacer trucos con cartas, transmutar piedras en azúcar y parar balas de calibre 45 con los dientes, parece que paso de moda. Siempre han pensado que esos conejos los tenemos escondidos en bolsillos especiales, eso lo hacen los mediocres, aquellos que nunca estudiaron.
– ¿Y de donde los saca usted Magistur?
– Los traigo del limbo, de esa franja de nada que hay entre el aquí y el mas allá y donde se haya el germen latente de todo aquello que se desea.
– ¿Y como hace?
– Solo abro un hueco y meto la mano y una vez que esta en contacto con esa nada, solo deseo lo que quiero y esa nada se convierte en un conejo, o en una paloma, o en cualquier cosa que usted desee o que el publico quiera ver, los magos verdaderos, solo les mostramos a las personas aquello que ellos quieren ver. Solo somos un puente, un canal.
Mahabra le ofreció una humeante taza de te de Tilo y Manzanilla.
– Tiene miel de clavel, quisiera que tuviese limón, pero usé el último esta mañana.
– ¿Limón Persa? Ese es tu favorito ¿no?
– Si, contesto Mahabra.
– Observa Mahabra, quizás y hasta aprendas, dijo Magistur mientras le mostraba la mano derecha abierta, Mahabra noto como vibraba y se ponía ígnea como la lava y a continuación, mientras repetía “Haijababa, Haijababa, Haijababa” Mahabra vio como iba metiendo su mano a través de un orificio negro que apareció de la nada y que flotaba a la altura de su cintura.
– ¡Ahhhhhhhhhhhhhh! Jarabe de limón persa, para ti mi amigo, dijo mientras sacaba la mano del agujero.
– ¿Jarabe de limón? Dijo Mahabra mientras observaba la pequeña botella ambarina.
– Es un concentrado de limón azucarado que te alcanzara para el te que te bebas hasta el día de tu muerte.
– Pero la botella es muy pequeña…
– Pero si la fe es grande, siempre estará llena, ¿recuerdas un Maestro que hizo que se rebosaran las ánforas de vino? o ¿era aceite?, bueno no recuerdo, pero que buen Mago ¿no? Un buen Mago es nadie sin la fe de su público. De aquellos que quieren creer y más importante aun, que quieren ver, recuerda que todo el mundo ve, pero nadie observa. En la India las tradiciones y las historias de Santos y Gurúes, deben estar acompañadas de trucos, de milagros, a ellos les gusta todo eso de los trucos y la magia, y los milagros.
Aquella velada transcurrió entre diálogos de vida y muerte, relatos de iniciación y Medicina Universal, anécdotas y aventuras de lugares y parajes y te exóticos, humos, y exquisitos pasteles, que Magistur sacaba de aquel misterioso agujero.
Antes de partir, Magistur metió la mano en el sombrero y saco una caja de madera bellamente labrada.
– Como se que no pedirás nada para ti y mucho para este mundo, te ofrezco esto como un humilde agradecimiento por tu hospitalidad, por haber compartido conmigo lo poco que tienes y por tan amena conversación, dijo Magistur mientras le daba la caja. Es una edición limitada de las mil y una caras de Dios. Adonde voy no la necesito. Si te fijas bien, todas son iguales, hay una para cada día y para cada ocasión, así que tienes para escoger cual de ellas te vestirás.
– Pero, si todas son iguales, ¿cual es la idea?
– Que ellos no lo notaran, ellos no se darán cuenta que siempre será la misma cara, por ejemplo la misma piel. Ellos nunca se dan cuenta de eso y por eso la magia funciona. En tu caso, tienes la mitad de la magia hecha, siempre te han tomado por otras personas, así que con esta caja seguirás pasando desapercibido, nunca verán a Dios mientras no quieran. Yo siempre usé la numero uno para los farsantes, la numero tres para mis citas con los hipócritas, la numero siete, que es la única que es de doble cara es excelente para hablar con los envidiosos y con aquellos que se conocen como lengua larga, eso si, cuidado con los niños porque ellos si notan la diferencia, así que con ellos nunca las usé.
– Creo que hare un buen uso de esta caja, ¡gracias Magistur!
– Claro que si, hasta que aprendas y domines el truco del agujero, recuerda que debes tener fe y, ¡ahora! presenciaras mi último truco, el de mi despedida.
Magistur elevo su báculo hacia el este y mientras recitaba un ininteligible mantra el viento se hacia mas fuerte a medida que giraba alrededor de el, creando una espiral de luz azul que subía de la tierra y terminaba sobre su cabeza en una esfera incandescente. Un rayo de luz alumbro el claro del bosque y todo quedo en silencio…
¡Transmutum! Dijo Magistur con su potente voz.
Mahabra vio como Magistur se había convertido en un niño como de cinco años. Miro a la izquierda y vio a una hermosa mujer que salía de la espesura del bosque que rodeaba el claro donde Mahabra había decidido pernoctar. Al verla, el niño salió corriendo y ella lo recibió con sus brazos abiertos. Se quedaron allí abrazados mientras se desvanecían en la luz que se colaba entre el follaje.
Que buen truco Magistur, volver a ser niño, pensó Mahabra mientras no dejaba de sonreír.
El olor de pan dulce recién horneado, traído por la suave brisa, invadía todo el ambiente. Mahabra sabía que no habían casas a kilómetros a la redonda, pero empalagado del olor cerró los ojos y se imagino a si mismo comiendo una deliciosa rebanada cubierta de una generosa porción de mermelada de fresas y moras, pensó que solo hacia falta materializar esa rebanada de pan, transmutarla de alguna parte de la nada, de ese limbo como decía Magistur, porque estaba allí esperando para ser degustada, así se lo decían sus sentidos y su instinto, se lo decía su boca que hace rato era agua y su olfato.
Tomó unas hojas de menta y yerbabuena y una pequeña hoja de naranja y preparó un aromático te que disfrutó a sorbos pausados mientras se deleitaba con la magia que la Madre Naturaleza le ofrecía a medida que creaba un amanecer solo para el. Pensó que tal vez todo, incluso el y ese olor de pan dulce eran el producto de un acto de fe, el resultado o la proyección de la fe de alguien, un acto de magia magistralmente conjugado, mezclado y conducido por algún excelente mago.
Mahabra desanudo un pañuelo y tomo una rebanada de pan de centeno que había comprado hacia unos días y la puso a tostar sobre el fuego, le agregó un poco de miel y se la empezó a comer mientras cerraba los ojos. El sabia que se comía una rebanada de pan con algo de miel untada, pero también tenia la convicción, derivada esta de su intensa fe, de que era una rebanada de pan dulce recién salido del horno, plena de pasas y cubierta de mermelada de fresas y moras y así la disfrutó con el te.
“…hasta que aprendas y domines el truco, recuerda que debes tener fe.”
Sonaron las palabras de Magistur en su cabeza.
“La vida es igual que la magia, un gran truco compuesto de diez por ciento de deseo y ansia y noventa por ciento de fe”, escribió ese día en su bitácora, “todo aquello que desees de la vida te será dado en abundancia si los has deseado con fe, solo necesitas de un mago llamado TU para que todo ello se haga realidad en esta gran ilusión que se llama Maya, que aunque nos mantiene atrapados se hace necesaria como escenario de las interrelaciones, de todo aquello que debemos vivir, ver, tocar, oír y sentir, de todo aquello que fue escrito, de todo aquello que podemos cambiar para nuestro bienestar, para nuestra liberación con el propósito de llegar, de alcanzar, alguna cercana vez, la tan anhelada iluminación.”
Mahabra se sentó en posición de loto a fin de meditar, las aves habían callado y se hizo el silencio, como si la naturaleza fuera a acompañarlo en su meditación. Con pausada voz recitó el mantra que estaba bordado en el manto mientras cerraba los ojos, mientras se elevaba lentamente entre los susurros y los arrullos de las nubes.”
Hare Krishna, Hare Krishna
Krishna, Krishna
Hare, Hare.
Hare Rama, Hare Rama
Rama Rama, Hare Hare.
Abraham de Saint Germain.
”
Namaste.
Extraído de “Las Crónicas del Arcano sin Numero” de “Los Relatos del Señor Sol” de Abraham de Saint Germain.
Que Dios los bendiga siempre y Gracias por imaginarnos.
Desde alguna parte, 20 de Julio del 2008.
Lindoro Abraham
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