miércoles, 23 de mayo de 2012

IMAGINARIUMR
“Al principio fue el verbo”


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“Imaginarium nace de la necesidad de transmitir ideas, conocimiento, hechos y anécdotas de la vida y de mi paso por ella, con la finalidad de dejar un legado que despierte consciencias y corazones. Los conceptos y opiniones expresados en su contexto forman parte de un largo proceso investigativo y de experiencias completamente personales. Imaginarium y quien lo escribe no pertenecen a ninguna organización política y o religiosa.
Yo creo en la belleza de Ser Humano. Creo en el paraíso que nos arrebataron y que está allí afuera, al abrir la puerta. Creo en nuestro hermoso mundo, nuestra morada y herencia. Creo en Dios porque está en todas partes y creo en Dios porque al igual que TU, YO soy EL.
                                       
 R   E   N     A   C   E   R
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I
El Océano de las Nubes Milenarias
Quiom detuvo su andar y elevó sus manos abiertas al cielo azul que le bendecía. Y absorto entre el silencio contempló la obra de su Dios, que era el mismo Dios de tantas religiones. Quiom había llegado al océano de las nubes milenarias. Eran tan hermosas como le había contado su amado padre en tantas conversaciones. Se quitó sus sandalias y caminó el último trecho que le separaba de la orilla mientras respiraba lenta y profundamente. La intensa paz del lugar le envolvió con una tibia sensación. Unió sus manos y cerró sus ojos mientras elevaba su rostro al cielo. En ese mismo instante, en algún lugar del universo dos estrellas se acababan de alinear y fue tanto el resplandor que la mitad del universo se había detenido para escuchar los cantos y las sinfonías de los latidos que se reflejaban en las galaxias. Quiom abrió su camisa y el viento acaricio con infinita ternura su dorada y cansada piel y jugó con su larga cabellera. Su largo viaje había terminado. Se lo decía el manto de arenas que pisaban sus cansados pies. Se lo decía el aire que respiraba y el ave azul que le daba la bienvenida trinando oraciones. Quiom giró su rostro, y al verle, la hermosa ave batió sus alas y voló, elevándose entre los suspiros de las nubes que acariciaban el atardecer que le había aguardado como cada día esperando que la lejanía lo trajese de vuelta.  Entonó mantras y salmos invocando a las estrellas que empezaban a despertar  y  encendió una pequeña fogata. Sacó de su hatillo dos inciensos de Osaka y mientras los encendía honró a Maru Hatana, un peregrino de la Luna oriundo de Japón y al que conoció en un alto de su camino y con quien compartió té de frutas y miel así como las enseñanzas del camino del Buda.
 Tal  y como le había dicho su Padre, las nubes milenarias entonaron una melodía cuando les alcanzó el divino aroma de cerezos en flor que despedían los inciensos de Hatana. Quiom pensó en ella. Se quitó su ropa y como tantas veces lo había soñado, se sumergió entre las tibias nubes mientras las primeras estrellas caían del cielo dejando sobre el manto del universo estelas de bendiciones.

II
Lunaria
Amanecía como hacía tiempo no amanecía en Lunaria, la legendaria tierra de las mujeres de la Luna. Lunaria no aparecía en mapas y solo se mencionaba en algunas leyendas perdidas en la noche de los tiempos. Lunaria fue y es un hermoso  lugar, comparable al mítico paraíso terrenal. Sus hermosas mujeres eran poderosas Sacerdotisas y Hadas que entendían como pocos el lenguaje oculto del universo, aquel que siempre ha estado a la vista de todos los seres de este mundo, pero que solo muy pocos  ven y entienden. Las Hadas de Lunaria eran diestras en las artes de la adivinación y sus zodiacos incluían conocimientos que iban  más allá de las doce casas conocidas. También eran fieras guerreras. En las bibliotecas ocultas de Shang Lem se leen crónicas que narran como poderosas legiones romanas así como ejércitos de muchos países y reinos sucumbieron en mares de fuego en segundos sin haber siquiera llegado a tocar las poderosas murallas que guardaban las puertas de la Luna. La mítica Lunaria nunca fue conquistada y aquellos que lo intentaron jamás pudieron ver tan hermoso lugar y mucho menos llegar a las hermosas e imponentes puertas de la Luna que eran de granito negro y que habían sido forjadas de la lava arrojada por el volcán Drago, el cual hizo erupción una sola vez en la historia de tan enigmático lugar. En Lunaria solo había mujeres y de sus vientres nunca nacían varones. La simiente de su subsistencia era traída por aquellos peregrinos que habían encontrado la manera de llegar a tan hermoso y mítico lugar o por aquellos que habían sido invocados, soñados e imaginados por las Sacerdotisas.
El viento soplo con fuerza. Luna detuvo su ritual y empezó a caminar hacia el océano de las nubes milenarias.

III
El Hada de las Nubes Milenarias
Los delicados pasos de Luna iban dejando sobre las nubes los granos del tiempo que nunca había transcurrido. Esa tarde luminosa, como tantas otras, Luna tuvo el presentimiento de que le vería, como siempre lo había visto en sus sueños, en sus visiones.  Siempre se había imaginado entre sus brazos, entregada a sus besos. El tiempo que se había detenido refugiándose en su corazón latía con intensidad. Luna corría con su corazón intenso inmenso, galopante, brioso y salvaje entre su pecho indómito. Luna flotaba sobre las tibias nieves, sobre las nubes milenarias. El viento desabotonó su blanco ajuar y perfumó su sedosa piel de estrellas y firmamento. Luna se sumergió entre las nubes milenarias. Luna nadó como nadan los peces y las sirenas. Luna nadó junto al universo flotando entre el zumo de las estrellas que perfumaban de amor puro las tibias estelas del océano de las nubes milenarias.

IV
Encuentro en las Nubes
Luna flotaba sobre las nubes. Luna estaba perfumada del zumo de las estrellas. El universo había contenido la respiración  al verle. Luna era la más bella de las hadas de Lunaria. Su piel desnuda brillaba bajo el anochecer que se asomaba tímidamente para que ella no se diese cuenta. Luna sintió una presencia. Era la misma sensación de sus visiones, el mismo ambiente de sus sueños. El mismo corazón enviando su savia con fuerza a través de todo su ser. El mismo nudo en la garganta, el mismo aire que se le escapaba por los labios. Giró su rostro hacia el este y le vio caminando sobre las olas, sobre las olas del océano de las nubes milenarias.
Sus miradas, sus miradas se encontraron como siempre se habían encontrado. Como tantas veces los soñaron, como tantas veces lo habían imaginado cuando los latidos de sus corazones brotaban como lágrimas de sus ojos. Sus manos extendidas se encontraron, se reconocieron y se hablaron mientras los dedos temblaban delicadamente. Quiom cerraba y abría sus ojos lentamente mientras recorría su hermoso rostro, mientras su mirada se deslizaba sobre su larga cabellera poblada de estrellas fulgentes. La mirada de Luna iluminaba la blanca superficie del océano de las nubes con un tenue y misterioso resplandor. Sus labios, sus labios temblaban, sus labios no sabían cómo dejar escapar las palabras que aguardaban para ser dichas. Sus labios se llamaban, sus labios, sus labios se necesitaban.
-         ¿Quién eres tú? Parece que te conociera de toda la vida. Preguntó Luna mientras no dejaba de verle.
-         Soy aquel que te ha buscado desde aquel siempre. Quien ha guardado sus labios y sus besos para aquella primera vez que se quedaba dormida en cada atardecer.
-         Tú, eres tú aquel Santo hermoso de mis sueños y mis plegarias entre inciensos y velas. Eres ese visitante nocturno que velaba mis sueños. Aquel que dejaba su amor inocente en el tímido beso de cada despedida cuando te marchabas con el amanecer y no quería abrir mis ojos para verte partir.
-         Siempre he estado allí en cada latido de tu corazón. Refugiado en tu alma rodeado de tus brazos y guardando cada uno de los besos que soñé para ti mi Luna.
-         Quiom, mi Quiom. Mi intenso Santo que siempre ha estado aquí dentro de mi pecho.   
-         Dame permiso para hablarle a tus labios. Dame tu venia para descubrir en ellos lo que es el amor de los amantes del tiempo. El amor del universo que se guarda en tu mirada bendita.
Quiom y Luna se encontraron entre las olas del océano de las nubes milenarias. Quiom y Luna se unieron en aquel primer beso que aguardaba entre la eternidad. Quiom y Luna se abrazaron con la ternura de los niños y se amaron con las miradas bajo el universo que había callado. Quiom y Luna se unieron en una bella primera vez. Se unieron en una intensa comunión bajo la lluvia de miel que dejaban a su paso las estrellas fugases. Y entre los besos que aguardaban suspendidos en el tiempo se ofrendaron en la piel las caricias y los abrazos y las añoranzas y las palabras que el viento les trajo de vuelta, aquellas de sus sueños.
Quiom y Luna se encontraron de nuevo por primera vez. Quiom y Luna se amaron por primera vez sobre el siempre de las tibias olas del océano de las nubes milenarias.
A Luna, que existe en un hermoso lugar del universo.      
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Lindoro Abraham
 Namaste
 
Que Dios los bendiga siempre y gracias por Imaginarnos.
 Tenerife, entre Abril y Mayo de 2012.
Si quieres ser feliz haz felices a los demás.
Rev. Dada J.P. Vaswani

 
Imaginarium supports The Sea Shepherd Conservation Society and their direct actions against the whalers.  http://www.seashepherd.org/
FREEH2O! R
Agradecimientos a: Wikipedia The Free Enciclopedia  http://en.wikipedia.org/wiki/Main_Page
 





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