IMAGINARIUMR
“Al principio fue el verbo”
“Imaginarium nace de la necesidad de transmitir ideas,
conocimiento, hechos y anécdotas de la vida y de mi paso por ella, con la
finalidad de dejar un legado que despierte consciencias y corazones. Los
conceptos y opiniones expresados en su contexto forman parte de un largo
proceso investigativo y de experiencias completamente personales. Imaginarium y
quien lo escribe no pertenecen a ninguna organización política y o religiosa.
Yo creo en la belleza de Ser Humano. Creo
en el paraíso que nos arrebataron y que está allí afuera, al abrir la puerta. Creo
en nuestro hermoso mundo, nuestra morada y herencia. Creo en Dios porque está
en todas partes y creo en Dios porque al igual que TU, YO soy EL.”
R E N A C E R
I
El Océano de las Nubes Milenarias
“Quiom detuvo su andar y elevó sus manos abiertas al cielo azul que le
bendecía. Y absorto entre el silencio contempló la obra de su Dios, que era el
mismo Dios de tantas religiones. Quiom había llegado al océano de las nubes
milenarias. Eran tan hermosas como le había contado su amado padre en tantas
conversaciones. Se quitó sus sandalias y caminó el último trecho que le
separaba de la orilla mientras respiraba lenta y profundamente. La intensa paz
del lugar le envolvió con una tibia sensación. Unió sus manos y cerró sus ojos
mientras elevaba su rostro al cielo. En ese mismo instante, en algún lugar del
universo dos estrellas se acababan de alinear y fue tanto el resplandor que la
mitad del universo se había detenido para escuchar los cantos y las sinfonías
de los latidos que se reflejaban en las galaxias. Quiom abrió su camisa y el
viento acaricio con infinita ternura su dorada y cansada piel y jugó con su
larga cabellera. Su largo viaje había terminado. Se lo decía el manto de arenas
que pisaban sus cansados pies. Se lo decía el aire que respiraba y el ave azul
que le daba la bienvenida trinando oraciones. Quiom giró su rostro, y al verle,
la hermosa ave batió sus alas y voló, elevándose entre los suspiros de las
nubes que acariciaban el atardecer que le había aguardado como cada día
esperando que la lejanía lo trajese de vuelta.
Entonó mantras y salmos invocando a las estrellas que empezaban a
despertar y encendió una pequeña fogata. Sacó de su
hatillo dos inciensos de Osaka y mientras los encendía honró a Maru Hatana, un
peregrino de la Luna oriundo de Japón y al que conoció en un alto de su camino
y con quien compartió té de frutas y miel así como las enseñanzas del camino
del Buda.
Tal
y como le había dicho su Padre, las
nubes milenarias entonaron una melodía cuando les alcanzó el divino aroma de
cerezos en flor que despedían los inciensos de Hatana. Quiom pensó en ella. Se
quitó su ropa y como tantas veces lo había soñado, se sumergió entre las tibias
nubes mientras las primeras estrellas caían del cielo dejando sobre el manto
del universo estelas de bendiciones.”
II
Lunaria
“Amanecía como hacía tiempo no amanecía en
Lunaria, la legendaria tierra de las mujeres de la Luna. Lunaria no aparecía en
mapas y solo se mencionaba en algunas leyendas perdidas en la noche de los
tiempos. Lunaria fue y es un hermoso
lugar, comparable al mítico paraíso terrenal. Sus hermosas mujeres eran
poderosas Sacerdotisas y Hadas que entendían como pocos el lenguaje oculto del
universo, aquel que siempre ha estado a la vista de todos los seres de este
mundo, pero que solo muy pocos ven y
entienden. Las Hadas de Lunaria eran diestras en las artes de la adivinación y
sus zodiacos incluían conocimientos que iban más allá de las doce casas conocidas. También
eran fieras guerreras. En las bibliotecas ocultas de Shang Lem se leen crónicas
que narran como poderosas legiones romanas así como ejércitos de muchos países
y reinos sucumbieron en mares de fuego en segundos sin haber siquiera llegado a
tocar las poderosas murallas que guardaban las puertas de la Luna. La mítica
Lunaria nunca fue conquistada y aquellos que lo intentaron jamás pudieron ver
tan hermoso lugar y mucho menos llegar a las hermosas e imponentes puertas de
la Luna que eran de granito negro y que habían sido forjadas de la lava
arrojada por el volcán Drago, el cual hizo erupción una sola vez en la historia
de tan enigmático lugar. En Lunaria solo había mujeres y de sus vientres nunca
nacían varones. La simiente de su subsistencia era traída por aquellos
peregrinos que habían encontrado la manera de llegar a tan hermoso y mítico
lugar o por aquellos que habían sido invocados, soñados e imaginados por las
Sacerdotisas.
El viento soplo con fuerza. Luna detuvo
su ritual y empezó a caminar hacia el océano de las nubes milenarias.”
III
El Hada de las Nubes Milenarias
“Los delicados pasos de Luna iban dejando
sobre las nubes los granos del tiempo que nunca había transcurrido. Esa tarde
luminosa, como tantas otras, Luna tuvo el presentimiento de que le vería, como
siempre lo había visto en sus sueños, en sus visiones. Siempre se había imaginado entre sus brazos,
entregada a sus besos. El tiempo que se había detenido refugiándose en su
corazón latía con intensidad. Luna corría con su corazón intenso inmenso,
galopante, brioso y salvaje entre su pecho indómito. Luna flotaba sobre las
tibias nieves, sobre las nubes milenarias. El viento desabotonó su blanco ajuar
y perfumó su sedosa piel de estrellas y firmamento. Luna se sumergió entre las
nubes milenarias. Luna nadó como nadan los peces y las sirenas. Luna nadó junto
al universo flotando entre el zumo de las estrellas que perfumaban de amor puro
las tibias estelas del océano de las nubes milenarias.”
IV
Encuentro en las Nubes
“Luna flotaba sobre las nubes. Luna estaba
perfumada del zumo de las estrellas. El universo había contenido la
respiración al verle. Luna era la más
bella de las hadas de Lunaria. Su piel desnuda brillaba bajo el anochecer que
se asomaba tímidamente para que ella no se diese cuenta. Luna sintió una
presencia. Era la misma sensación de sus visiones, el mismo ambiente de sus
sueños. El mismo corazón enviando su savia con fuerza a través de todo su ser.
El mismo nudo en la garganta, el mismo aire que se le escapaba por los labios. Giró
su rostro hacia el este y le vio caminando sobre las olas, sobre las olas del
océano de las nubes milenarias.
Sus miradas, sus miradas se encontraron
como siempre se habían encontrado. Como tantas veces los soñaron, como tantas
veces lo habían imaginado cuando los latidos de sus corazones brotaban como
lágrimas de sus ojos. Sus manos extendidas se encontraron, se reconocieron y se
hablaron mientras los dedos temblaban delicadamente. Quiom cerraba y abría sus
ojos lentamente mientras recorría su hermoso rostro, mientras su mirada se
deslizaba sobre su larga cabellera poblada de estrellas fulgentes. La mirada de
Luna iluminaba la blanca superficie del océano de las nubes con un tenue y
misterioso resplandor. Sus labios, sus labios temblaban, sus labios no sabían
cómo dejar escapar las palabras que aguardaban para ser dichas. Sus labios se
llamaban, sus labios, sus labios se necesitaban.
-
¿Quién eres tú? Parece que te conociera de toda la vida. Preguntó Luna
mientras no dejaba de verle.
-
Soy aquel que te ha buscado desde aquel siempre. Quien ha guardado sus
labios y sus besos para aquella primera vez que se quedaba dormida en cada
atardecer.
-
Tú, eres tú aquel Santo hermoso de mis sueños y mis plegarias entre
inciensos y velas. Eres ese visitante nocturno que velaba mis sueños. Aquel que
dejaba su amor inocente en el tímido beso de cada despedida cuando te marchabas
con el amanecer y no quería abrir mis ojos para verte partir.
-
Siempre he estado allí en cada latido de tu corazón. Refugiado en tu
alma rodeado de tus brazos y guardando cada uno de los besos que soñé para ti
mi Luna.
-
Quiom, mi Quiom. Mi intenso Santo que siempre ha estado aquí dentro de mi
pecho.
-
Dame permiso para hablarle a tus labios. Dame tu venia para descubrir en
ellos lo que es el amor de los amantes del tiempo. El amor del universo que se
guarda en tu mirada bendita.
Quiom y Luna se encontraron entre las
olas del océano de las nubes milenarias. Quiom y Luna se unieron en aquel
primer beso que aguardaba entre la eternidad. Quiom y Luna se abrazaron con la
ternura de los niños y se amaron con las miradas bajo el universo que había
callado. Quiom y Luna se unieron en una bella primera vez. Se unieron en una
intensa comunión bajo la lluvia de miel que dejaban a su paso las estrellas
fugases. Y entre los besos que aguardaban suspendidos en el tiempo se
ofrendaron en la piel las caricias y los abrazos y las añoranzas y las palabras
que el viento les trajo de vuelta, aquellas de sus sueños.
Quiom y Luna se encontraron de nuevo por
primera vez. Quiom y Luna se amaron por primera vez sobre el siempre de las
tibias olas del océano de las nubes milenarias.”
A Luna, que existe en un hermoso lugar
del universo.
Lindoro
Abraham
Namaste
Que Dios los bendiga siempre y gracias por Imaginarnos.
Tenerife, entre
Abril y Mayo de 2012.
“Si quieres ser feliz haz felices a los
demás.”
Rev. Dada J.P. Vaswani
Imaginarium supports
The Sea Shepherd Conservation Society and their direct actions against the
whalers. http://www.seashepherd.org/
FREEH2O!
R
Agradecimientos a: Wikipedia The Free Enciclopedia http://en.wikipedia.org/wiki/Main_Page
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