viernes, 20 de junio de 2008

I M A G I N A R I U M

A B B A T U


“Me imagino que iras por allí, tratando de alcanzar el destino que huye de ti, como presagiando aquello que ha de suceder. Me imagino que tal vez estés cansado de la rodada, del largo andar, del círculo que no termina de cerrarse por más que trates de morderte la cola. Me imagino el fardo de tus recuerdos, las fotos que no se revelaron, aquellas que mueren de sepia mientras ríen, mientras lloran. Me imagino cada amanecer entre el vacio que ahoga la soledad, apretando su cuello lentamente. Me imagino la carta de despedida cuya única palabra fue adiós, agonizando de amarillo, esperando allí en la mesita de noche, a que tus ojos la terminen de escribir. Me imagino viéndote al espejo, mientras desde el otro lado te acusan los años, aquellos que no perdonan y que maquillan de ausencia los surcos de la arada piel. Me imagino que de vez en cuando volteas a ver si te sigo como un fantasma, a ver si esta vez te tomo de la mano.
A veces me imagino que eres feliz, rodeado de aquellos tuyos, contando estrellas en las noches de luz, abriendo y encerrando recuerdos. Te imagino llegando a casa, me imagino las miradas calladas, suspendidas en el aire conteniendo sentimientos con las manos y los brazos pesados como plomo. Me imagino corriendo a tu encuentro, sobre la arena brillante mientras la brisa se lleva las lágrimas, mientras me esperas con los brazos abiertos y las manos llenas de azúcar y amor. Me imagino que caminamos por la playa mientras me enseñas la vida, mientras me comentas de la galería sideral que nos rodea, mientras escribes mi nombre en la arena, mi nombre y tu apellido.
Me imagino que es un largo sueño del que no se despierta, donde la soledad se bate a duelo con la esperanza a ver quien abre la puerta primero. Me imagino la tibia cobija, olorosa a sol y a limpio que cae sobre mí, mientras me cuentas al oído y sin que el mundo se entere, la historia de un niño lindo, regalo del cielo.

Me imagino que eres feliz, tal vez a tu modo mientras contemplas el álbum familiar donde falta una foto, aquella prisionera doblada, oculta entre el exilio de las páginas de aquel tratado del abandono. Me imagino cuando nos ves en las esquinas de las esperas, dándonos calorcito, mientras esperamos que un pancito caiga del cielo, como lo escuchamos desde afuera, cuando queremos entrar a la misa para buscarte y Dios manda a decir que no podemos entrar. Te imagino entre mis hermanitos, de camita limpia que no huelen a cartón y quebrada, y rodeados de juguetes que hablan. Te imagino guapo mientras las miradas de las madres cuelgan como medallas en tu flux de marca italiana. Me imagino tu olor divino, que perfuma tu andar, mientras pienso que ese quisiera ser yo. Me imagino un mediodía de futbol o una noche de boxeo, una palabra de consuelo o aliento, y aunque sea un regaño por alguna malacrianza. Me imagino que te acercas a mami y le das un besito y una nalgada mientras me rio oculto entre la nada y aprendo que no hay nada mas bello que amar a una mujer. Me imagino que corro a tu encuentro cuando llegas en la tarde y te pregunto como te fue.
Me imagino que te fuiste por un rato, tal vez de cinco o más años, pero solo un rato. Me imagino que eres un mercenario cumpliendo alguna misión secreta, liberando algún país de sus opresores. Me imagino que me escribes entre el lodo y la metralla, entre el agua de sabor amargo y el pan duro, sabiendo que eres mi héroe. Me imagino que cuentas los días que faltan para regresar a casa, mientras yo cuento las noches adivinando planetas y constelaciones. Te imagino a la intemperie mientras afuera de mi ventana cae la lluvia. Me imagino que tal vez no vuelvas, me imagino que tal vez en realidad nunca te fuiste, que nunca fuiste. A veces me imagino que fuiste un ser de otro mundo, un mensajero de otra galaxia cuya nave se averió y se quedo por aquí un tiempo y que después tuvo que marcharse. Me imagino que te recuerdas de mi Madre, que debes saber que ella ha llorado mucho y que ha hecho lo que ha podido. A veces, mientras me miro en el espejo me imagino como eres y si tal vez aun existes. A veces me imagino que no debí venir, que me debí quedar en el cielo, o en el infierno, o con los ángeles o los demonios, a veces pienso en por que me trajiste aquí, por que me enviaron.

Te imagino enseñándome tus secretos, el arte de tu madurez, el porque de tus errores, los perdones que esperas y aquellos que debes dar. Te imagino caminando por las calles en busca de aquello que te persigue, buscando entre las paredes y los papeles que escribe el viento un intento de respuesta, porque, me imagino que tú también tienes dudas y preguntas. Me imagino a tu Padre, sus enseñanzas, su respeto y guía, me imagino su infinito amor o su infinito odio, aquellos que supo inculcar en tu alma infante. Me imagino tus tertulias con las respuestas, frente a un café, frio de sabor y anhelante de dulzor. Te imagino tratando de detener tus pasos y con el supremo miedo de mirar atrás recorriendo tus anchas espaldas. Te imagino llamándome desde lejos, pronunciando el nombre que no me diste, esperando que el eco te conteste que en alguna parte eres una parte de una existencia. Te imagino con el tiempo en los cabellos contemplando desde alguna lejanía el desfile de la comparsa del circo de los días, donde dicen, de los trucos y los chascos que ofrecen y enseñan, que son para toda la vida. Te imagino imaginándome en las tardes de siempre, cuando al día le robo media vida para pensar que tengo un Padre. Te imagino mas cerca que mas lejos, mas lejos que mas nunca, tan lejano que tu corazón toca a la puerta de mi habitación cuando la luna te llama en su desespero. Te imagino en un gran palacio, arropado con la soledad, amándote con la nada, rodeado de todo, rodeado de nada. Te imagino entre riquezas y posesiones, a lomos de un blanco corcel conquistando la tiranía. Te imagino en la carta que llegara mañana con el correo, contándome de tus hazañas, con epilogo y posdatas escritas con tinta de esperanza y retorno. Me imagino a veces que en realidad no sabes de mí.

Me imagino que me acordare de ti una vez mas esta noche antes de acostarme, ojala no haga frio y la luna no se esconda, para que me brinde su luz cuando lea esta carta una vez mas. Ya mi ropita se seca al calor de la noche por si acaso regreses mañana y me encuentres limpiecito, y ojala no me delate la voz para que no te des cuenta que crecí. De los dos panes guardare el menos duro para ti, envuelto en mí corazón para comérnoslos mientras nos reímos en silencio. Te prometo que no te preguntare a donde fuiste ni que habrá un dedo que acuse las faltas y los años, porque un día, tan solo un día de 25 horas a tu lado compensara toda la falta que me has hecho desde aquella vez que te vi partir, sin destino, sin mas nada en los bolsillos del alma que el papel en blanco donde escribiste la despedida.”

Feliz día del Padre donde quiera que estés.

Abraham de Saint Germain.


Namaste.

Que Dios los bendiga siempre y Gracias por imaginarnos.
Aruba, 15 de Junio del 2008.

Lindoro Abraham

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