ATARDECER DE ABRIL
“¿Que por que suceden las cosas?, ¿Cuál es la razón de todo esto?, ¿Por qué la felicidad?, ¿Por qué las alegrías? Y si mi querida, ¿Por qué los desalientos?, ¿Por qué tanto dolor y tanto sufrimiento? Y tanta, pero tanta agonía. La felicidad es frágil, muy frágil, sumamente frágil. A veces, muchas veces ser feliz asusta, aterra, porque entre ese estado de plenitud, entre ese nirvana, entre ese paraíso y cielo conjugado, entre esa sublimación se tiene la presunción de que algo malo pueda pasar, rompiendo o arañando la frágil superficie de la burbuja que rodea nuestra felicidad. Esa sensación nos acompaña siempre, ya sea porque la hayamos vivido muchas veces o porque la hemos visto tantas veces como reflejo cuando otros la han vivido.
Una tarde te decía que la vida era una puesta en escena, que la vida, nuestra vida individual era una obra de teatro, tal vez escrita por alguien más, con el supremo don y derecho de escribir y porque no, decidir nuestro cada día, teniendo sumo cuidado en los detalles como el escenario, el correcto vestuario y también de sus protagonistas. También te decía que probablemente nuestra historia, nuestra leyenda la escribíamos cada uno de nosotros y que tal vez lo que pasaba era que antes de nacer no nos habíamos aprendido el guion y que no habíamos tenido tiempo de ensayar – o será que estamos ensayando sin saber- y por ello, decíamos lo que no debíamos, especialmente a los demás, hacíamos lo que no debíamos hacer y finalmente, que tal vez en ciertas escenas de la obra estábamos donde no debíamos estar., o sea en el lugar y momento equivocados.
¿Por qué?
Ojala pudiera decirte porque, ojala pudiera irme por un ratito a ese otro lado y después de conversar con Anubis o con quien sea que me encuentre regresar a decirte la verdad, aquella que ninguno de nosotros sabe y de la que solo percibimos algunos chispazos cuando ella, la luz nos pasa rauda y veloz. Ojala pudiese decirte que detrás o después de tanta pena y sufrimiento se encuentra la paz, la felicidad y el amor pleno. Ojala pudiera decirte que no hace falta pasar por tanto, que no es necesario el dolor ni la amargura para ganar un sitio en el cielo, al lado de no sé quién o postrado de rodillas ante no sé quién. Lo que te puedo decir mi hermanita es que no estoy de acuerdo con nada de ello. Si por sufrir, por llorar, si por vivir toda una vida o parte de ella en medio de angustias, privaciones y peligros me asegurase un sitial en alguna nube del cielo tocando arpa eternamente, te juro que prefiero una partida de domino con el Señor del Infierno en alguna de sus pailas. Pero como he pensado, dicho y escrito tantas veces, pareciese que la mas de las veces, los guiones de nuestras existencias parecen ser obra de mentes y almas enfermas, de seres de alguna luminosidad morbosa, sádica y hasta demoniaca, porque la verdad no creo que para ganarse el cielo y el “perdón y la indulgencia” de un Dios iracundo y severo, presto para aniquilar a sus hijos con fuego y azufre, los seres humanos debemos pasar por toda esta suerte de vicisitudes, como para honrar e igualar toda la supuesta pasión, todo el dolor, la humillación y el sufrimiento de aquel llamado hijo del hombre, que aun no te puedo asegurar si hijo de Dios –lo cual somos todos- pero cuando lo averigüe lo más seguro y te lo cuente entre un par de cafés mientras se despide el atardecer.
Ojala, que vaina con esta palabrita mi querida, y todos nuestros días fuesen de alegrías, de felicidad y armonía al lado de nuestros seres queridos, al lado de aquellos que escogimos como compañeros. Pero lo que si te puedo decir es que debemos tratar que cada uno de los días que vivamos ya sea solos o junto a ellos sean de dicha y felicidad plenas, no importa que aquello que se lleve a la boca sea pan y agua, lo cual sería lo de menos, si se es plenamente feliz con el ser que se ama. Debemos tratar de vivir cada uno de nuestros días como si fuese el último de nuestras vidas, sin preocuparnos por los demás, por lo que digan o piensen y mucho menos por el futuro. Para que andar preocupados por lo que pueda suceder la semana que viene, el mes próximo o el año que viene. Debemos ser nosotros mismos en todo momento, no un fiel reflejo amorfo de todo aquello que los demás pretendan que seamos. Debemos ser la copia y el reflejo fiel de cada uno de nosotros, la imagen de nuestro Dios interno. Debemos mostrarle al mundo y a ellos que a pesar de todo somos felices, porque tratamos de entender que esta vida absurda y extraña, dura e injusta no es más que una ilusión, una vaina que a alguien se le ocurrió crear o modificar de esta manera simplemente porque así lo quiso y así nos lo ha hecho creer durante mucho tiempo. Debemos seguir siendo los niños que nunca hemos dejado de ser y recordando siempre que empezamos a envejecer el día que nos olvidamos que somos niños. Debemos cantar y reír sin motivo, vestirnos y vivir como queramos, no de la manera que nos dicten, pero por sobre todo debemos ser humanos, dueños de un corazón inmenso, de un alma llena de luz, de compasión y amor por nuestros semejantes. Tenemos el derecho de ser absolutamente felices, para ello fuimos creados, para el goce y la alegría, para la paz y el amor, para la contemplación y la eternidad. Lo demás es añadido, es algo inventado e impuesto por un par de vivos que lo que han hecho es aprovecharse de la humanidad después de haber tergiversado y deformado el mensaje y la razón original de nuestra existencia. No, no fuimos creados para llorar ni para sufrir, ni para ser humillados ni explotados. Como imagen de Dios fuimos creados iguales a EL y como sus reflejos imagínate lo que debíamos SER y no nos damos cuenta.
Ojala…
Tanto que te he repetido esta palabra, pero es así, cada vez que deseamos algo para nosotros o para los demás, esa palabra anclada sale de nuestros labios para sonar a incertidumbre, como si ese hermoso deseo o anhelo estuviese de hecho pre-condenado a no suceder o a malograrse en el desarrollo del anhelo o deseo cumplido, sea que ese deseo de buenaventura nos haya sido deseado u otorgado o porque con toda nuestra alma y corazón se lo hayamos deseado a otros. La verdad mi gran amiga, la verdad que no entiendo el porqué del dolor, la razón del sufrimiento, la raíz del desamor, sobre todo si se había logrado la felicidad. Dicen por allí en las paredes, en los libros y hasta se escucha por allí entre las tertulias de que todo sucede por una razón, de que todo pasa por algún motivo, que todo tiene un porqué. Lo que nos sucede, lo que nos ocurrió y todo aquello que nos ocurra, sucederá, acontecerá de tal manera porque así deberá suceder, aunque ello traiga desdicha y dolor, porque así ha sido desde un cierto siempre, desde nuestros abuelos hasta nuestros padres, y mucho antes que todos ellos, hablando de guerras, exterminios, vejaciones y todo un rosario de sufrimientos. Muchos de ellos, muchos de nosotros sobrevivimos y sobrellevamos todo ese dolor a cuestas, otros no lo superaron y tomaron caminos tal vez esquivos como aquellos del suicidio y la locura, pero que mayor locura mi hermanita que el simple hecho de tratar de vivir el cada día de nuestra vida, desde que nos levantamos con esas dudas y pesares y nos acostamos sin haber hallado la respuesta a cada una de ellas las primeras y alivio o consuelo para los segundos.
¿Cuánto dura la felicidad?
Suelo pensar y meditar largas horas de mi cada día acerca de la felicidad, cuando me regalo un par de horas para mi, para reírme solo y para llorar. En esas horas, cuando paro el mundo, entiendo que la vida debería ser así, un continuo estado de felicidad y armonía, sin pausas para el dolor ni la tristeza. Pero cuando pongo a andar el mundo y después de contar tres me uno a su vorágine me convenzo más aun de lo utópico y de la infinita fragilidad de la felicidad. Por todo lo anterior ando de la mano con el mundo de vez en cuando, solo por unas pocas horas al día, aquellas que ocupan mi trabajo, el cual últimamente trato de que sea lo más agradable posible, evitando los conflictos, los chismes, las envidias y los odios que tanto carcomen. Cuando decido que voy a ser feliz hoy trato y muchas veces logro que nada ni nadie rompa ese deseo. Evito los conflictos y las discusiones y entiendo que todo ello carcome el cuerpo y el alma y ello mi estimada, es lo último que deseo porque la verdad te digo que amo mi cuerpo y no deseo que nada ni nadie le dañe. Si este fuese el último de mis días en este mundo, sabré que lo supe aprovechar. Me iré a ese mítico más allá –en primera clase- a ver que hay allí y de repente hasta me regrese. Lo que más me llama la atención es la multitud de vírgenes que me cuentan que abundan por allá, lastima sí que los hijos de Alá las tengan todas acaparadas, pero con ellos siempre se podrá negociar y pueda que hasta pague dos y me lleve la tercera gratis, pero déjame decirte que me gustan maduritas, no sé si habrá algunas disponibles al otro lado. Si me dijesen que hoy me voy saldría corriendo y abrazaría a alguien sin ninguna razón y le diría que lo amo y le pediría que amase a sus semejantes como a Dios mismo, que besase y abrasase a sus hijos cada día, que no los maltrate ni físicamente ni de palabra, que amen a sus parejas y que se valoren, lo cual no es nada complicado a menos que al igual que nuestras existencias, seamos nosotros aquellos que las complicamos, complicándonos la vida en el proceso.
Todos en algún momento le diremos adiós a este plano, cerrando así, muchas veces antes de tiempo, el sendero de nuestras leyendas personales. La verdad no es justo que nos vayamos antes de tiempo, dejando sobre la mesa y esparcidos en el viento todo un proyecto de vida, lleno de sueños y esperanzas al lado de nuestros seres queridos. No es justo el que seamos sometidos a penosas enfermedades y sufrimientos, los cuales, desde mi humilde punto de vista son absolutamente innecesarios. Por todo ello te digo de nuevo que cuando llegue el día de mi partida, me llevo en la alforja un rosario de quejas y de preguntas para cuando me toque pararme frente al juez el día del juicio final y discúlpame si no te doy el nombre de mi abogado de oficio, pero lo que si te puedo decir es que muchos de ellos, aquellos que se inventaron este océano de suplicios llamado vida temblaran y se orinaran las túnicas de solo verle, porque la verdad te digo mi hermanita que alguna vez nos daremos cuenta que todo esto no fue otra cosa más que puro espejismo, pura ilusión, puro y absoluto MAYA.
“Aquel que partió aquella tarde de Abril estará a tu lado siempre. Aquel que atardeció tantos días a tu lado estará contigo en cada atardecer de tus días, aquellos del por vivir. Nada te faltara porque a él nada le faltó y porque llenos sus días fueron de tus atenciones, de tus mimos, de tus cuidos y de tu bendito amor. Tu felicidad será para siempre ya que ella, aquella que construyeron traspasó la realidad que les ocupó, y cuando llegue tu tiempo, el cual dista mucho de este día, te aseguro que él te esperara con sus brazos abiertos y un ramo de flores en la mano, porque si algo te puedo asegurar es que los amores, aquellos verdaderos son para toda la eternidad. Te quiero mucho.”
Que Dios te bendiga.
Lindoro Abraham
Namaste
Que Dios los bendiga siempre y gracias por Imaginarnos
Desde alguna parte, del 29 de Abril al 1 de Mayo de 2009
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